El llamado del destino

La infancia de Galdos Rivas estuvo llena de dibujo y creatividad. Con gran habilidad, diseñaba y construía sus propios juguetes a base de cartón. Asimismo, con un espíritu curioso y creativo, pintaba las paredes y patios con trazos que ya perfilaban su futuro en el arte plástico.

La generación de oro

En la adolescencia concibió la idea de ser artista, pero como parte de la arquitectura. Sin embargo, su dedicación constante a las técnicas del dibujo, pintura y grabado, lo llevaron a formar parte de la “Generación de Oro” (1959) de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la cual egresó con honores.
Galdos Rivas, junto a otros artistas de esta generación, marcaron un hito en las artes plásticas peruanas, influenciados por el vanguardismo contemporáneo y conservando su espíritu creador.

La libertad del color

En una primera etapa, Galdos Rivas desarrolla su obra en el campo figurativo. Debido a sus exigentes estudios académicos, los bodegones, la vida rural, los retratos y personajes fueron sus temas recurrentes.
Su dominio de los matices lo lleva a dar el salto al territorio no figurativo en donde, con total libertad, expresa su verdadera identidad: colores vibrantes y cálidos (especialmente rojos) reflejan su amor por la vida.
Es en esta efervescencia en donde se abre camino con sus primeras exposiciones en bienales de Sao Paolo (1961, 1963 y 1965) y Córdoba (1964). Además obtuvo becas de estudios en Brasil 1961 y Argentina 1965.

La conexión ancestral

El medio más utilizado en sus obras es el óleo sobre tela. Sin embargo, el artista también practica con maestría el trazo en acuarela, el dibujo, el acrílico, la tempera y el grabado.
En la búsqueda de un lenguaje propio, encontró en las figuras ancestrales un motivo de inspiración que lo acompaña hasta hoy. Realiza una deconstrucción magistral de imágenes y formas que luego recompone a su gusto, entre lo figurativo y lo abstracto.
Esto le ha valido reconocimiento mundial y la exhibición de sus obras en países América, Asia y Europa, con una pasión que hasta el día de hoy persiste, cada vez que termina un nuevo cuadro.
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